
En los últimos días se han vertido críticas por parte del PSOE hacia mi persona en relación con la situación de la residencia de mayores Amavir. Entiendo que el bienestar de nuestros mayores genera preocupación —y debe hacerlo—, pero conviene abordar este asunto desde la responsabilidad, el rigor y, sobre todo, desde el conocimiento real del trabajo que se está desarrollando.
Quiero ser claro: mi implicación en las áreas que gestiono es del 100% y los que me conocen lo saben. No es una afirmación vacía ni una consigna política; es una realidad diaria porque estoy a pie de necesidad, en la trinchera social como solemos decir. Elegí esta posición por convicción y elección personal. Estoy presente, atento y trabajando de forma constante en cada uno de los servicios especializados que dependen de esta consejería. Eso incluye, por supuesto, el seguimiento directo de los centros residenciales y la coordinación con todos los agentes implicados.
Se ha intentado trasladar la idea de que estoy “desbordado” por la situación. Nada más lejos de la realidad. Me ocupo de ello, sí. Y me preocupa profundamente, porque estamos hablando de personas mayores, de familias y de profesionales que merecen estabilidad, dignidad, justicia y garantías. Pero preocupación no es sinónimo de desbordamiento. Preocuparse es, precisamente, lo que impulsa a actuar, a reforzar, a mejorar y a no conformarse. Tenemos una hoja de ruta perfectamente clara, una estrategia de Inclusión que integra y da sentido a nuestra acción política. Me siento más motivado que nunca en la ayuda diaria que ofrecemos a miles de personas cada dia y con los retos de consolidar unos recursos acordes a la sociedad actual de Lanzarote y La Graciosa.
Estoy en el día a día de los servicios. Escucho a los equipos, analizo los datos, atiendo las incidencias y trabajo para que las soluciones lleguen. No desde la distancia, sino desde la cercanía y la responsabilidad que exige el cargo. La gestión pública, especialmente en el ámbito social, no admite improvisaciones ni discursos simplistas.
De modo que no, no estoy desbordado, lo que estoy es completamente entregado, por elección propia, a las personas y colectivos que más necesitan de nuestra ayuda y sensibilidad. Lo que sí estoy, y lo confieso, es perplejo ante la continua e insistente utilización partidista de un tema tan delicado que exige de unos principios éticos básicos, la mínima base que se espera de todos quienes somos representantes públicos
Dicho esto, también considero necesario poner las cosas en contexto. El Partido Socialista no está legitimado para dar lecciones de gestión de crisis.
Durante el pasado mandato, se abandonó la atención a las asociaciones, se produjo un cambio de consejero que evidenció falta de rumbo, y se llegó incluso a abandonar físicamente la propia consejería. Se tomaron decisiones como la privatización de Las Cabreras, se deterioró la relación con entidades fundamentales como Adislan, se devolvieron fondos sin ejecutar proyectos comprometidos y no se materializó la residencia de mayores prevista en Tahiche. Esa es la herencia que hemos tenido que afrontar.
Defiendo firmemente un sistema de bienestar robusto, capaz de responder a las necesidades actuales y de anticiparse a los retos futuros. Eso implica inversión, planificación y, también, colaboración. Por eso creo en la cogobernanza como modelo de
gestión: en la cooperación entre administraciones, entidades y profesionales para ofrecer respuestas más eficaces y sostenibles.
La realidad de los servicios sociales es compleja y exige altura de miras. No se resuelve con titulares ni con críticas que buscan el desgaste político. Se resuelve con trabajo, compromiso y voluntad de mejora constante.
A quienes hoy cuestionan, les invito a sumar. A aportar, a colaborar y a construir. Porque el objetivo debe ser común: garantizar la mejor atención posible a nuestros mayores.
Ese es, y seguirá siendo, mi compromiso
