Los canarios vivimos atrapados en un círculo de promesas que nunca llegan a materializarse. Mientras miles salimos a las calles gritando «Canarias tiene un límite», nuestros políticos juegan al teatro: Coalición Canaria y Nueva Canarias fingen escucharnos, pero sus propuestas son como fuegos artificiales, brillantes por un momento, para luego dejarnos en la misma oscuridad.
Ahí está el Presidente Clavijo hablando de «debatir» una ley de residencia. ¿Pero qué significa eso realmente? Nos da esperanzas sin ofrecer nada concreto. Es como si te prometieran un buen gofio escaldao y luego solo te dejaran olerlo sin probarlo.
Y Nueva Canarias no se queda atrás. Ahora proponen una tasa turística, copiando lo que ya hacen en Baleares o Barcelona. ¿Pero dónde estaban cuando formaban parte del gobierno? Tuvieron su oportunidad y la desperdiciaron. Es el clásico «ahora que estoy fuera tengo todas las soluciones».
Lo más vergonzoso es cómo nos ocultan información. ¿Sabías que la Mesa del Parlamento elimino la publicación de las dietas de los diputados? Información que era pública desde 2017 y que mostraba cuánto se embolsan. ¿Por qué esconderla si no hay nada que ocultar?
Desde Liberación Canaria creemos que necesitamos soluciones de verdad, no parches. Proponemos el modelo del País y Territorio de Ultramar, que redefiniría nuestra relación con la Unión Europea. No son solo palabras bonitas, es una propuesta estructurada para abordar los problemas de raíz. Si se quiere controlar el crecimiento poblacional o establecer un impuesto a la entrada en Canarias, eso pasa por libertades políticas que sería posibles con el PTU, nunca en el actual estatus RUP.
Lo que más duele es ver cómo nuestros gobernantes viven en una burbuja, desconectados de nuestra realidad diaria. Alegan de progreso mientras muchos canarios y canarias no llegan a fin de mes, no pueden pagar un alquiler o ven cómo sus hijos emigran porque aquí no tienen futuro.
Los canarios y canarias no necesitamos más discursos vacíos. Necesitamos políticos que bajen a nuestros barrios, que entiendan lo que es hacer malabarismos para pagar las facturas, que sientan en carne propia lo que significa vivir en un archipiélago donde cada vez somos más extranjeros en nuestra propia tierra.
Ya es hora de dejar de conformarnos con migajas. Merecemos una política que nos devuelva la dignidad, que defienda nuestra identidad y que ponga las necesidades del pueblo canario por encima de intereses externos. Porque esta tierra es nuestra, nuestro país, y ya va siendo hora de que se gobierne pensando en quienes la habitamos, la cuidamos y la amamos de verdad, sus naturales y legítimos propietarios.
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